Claude nunca te va a decir que está listo
Esto es lo más importante del curso.
Siempre te va a dar una respuesta. Si le pides otra, te da otra. Pero nunca te va a decir “ya está, mándalo”. Eso lo decides tú, y para llegar ahí vas y vienes con él hasta que el resultado sea como lo quieres.
No hay una versión final. Hay una versión que tú apruebas.
La primera respuesta es un borrador
Trátala como el primer intento de alguien nuevo en el puesto: útil, y no lista para el cliente.
Casi siempre está correcta y le sobra o le falta algo: demasiado larga, demasiado neutra, con un dato que no le diste, con el orden equivocado.

Corregir es señalar y mostrar
Dos partes: qué está mal y hacia dónde.
- Señala — qué parte, no “todo”.
- Muestra — un ejemplo del tono o del formato que quieres.
- Protege — di qué se queda como está.
Pide crítica antes de aprobar
Un movimiento que casi nadie usa y cambia el resultado: pedirle que lo revise contra alguien exigente.
“Revísalo como lo leería mi cliente más difícil: ¿qué le sobra, qué le falta, qué le suena falso?”
Y después decides tú qué le haces caso. Que critique su propio trabajo es gratis; que decida, no.
Cuándo parar
El criterio no es “perfecto”. Es “ya lo puedo usar tal cual”.
- Para — cuando lo mandarías con tu nombre.
- Sigue — cuando puedas decir en una frase qué le falta.
- Empieza de nuevo — cuando llevas cinco vueltas y cada una cambia otra cosa: el problema estaba en el encargo original.
Errores frecuentes
- Aceptar la primera — porque contestó rápido y con seguridad.
- Arreglarlo a mano siempre — pierdes el aprendizaje y la plantilla.
- Corregir con adjetivos — “mejor”, “más natural”, “más potente”.
- Empezar de cero al primer fallo — tiras lo que ya servía.
- Buscar perfecto — perfecto no llega; usable sí.
En una línea
Él escribe y rehace. El que aprueba eres tú.